Una noche soñé con un lugar mágico donde no existían los miedos ni las noches oscuras. Y en mi sueño había una niña rubia que construía una escalera que llegara a la luna. Y en los escalones había colores y luces y soles y risas de primavera. Y vi árboles maduros que ofrecían melocotones gordos y redondos como un día de verano.
Y soñé que ese día de verano tenía unos zapatos brillantes, un plato de dulces vacíos y una muñeca cuyos rizos competían con los mios. Y en sus rizos vi las primeras zapatillas de baile y escuché la música que marcaba mis pasos hacia un futuro sin piruetas en punta pero con la danza en las venas. Y en la sangre de mis venas vi luces de colores.
Y soñé que esas luces inundaban los cajones que guardaban los secretos. Y vi como volaban motas de polvo dibujando estrellas en las paredes del abismo. Y en el abismo había ventanas desde las que podía contemplar el amanecer en el Egeo. Y en cada uno de los amaneceres había mares infinitos donde nadaba una sirena enamorada del pescador que no pescaba porque no sabía nadar.
Y cuando nadaba soñé que el agua invadía mis pulmones y que a través de ellos veía las explosiones solares y la lluvia de estrellas y las fogatas donde se queman los malos recuerdos. Y en las chispas del fuego vi que ya no era otoño y que había árboles y manantiales llenando de oasis los desiertos.
Y en el desierto vi a una niña rubia que soñaba con alcanzar la luna. Y mientras soñaba dormía con la luna redonda entre sus brazos.
Y soñé que ese día de verano tenía unos zapatos brillantes, un plato de dulces vacíos y una muñeca cuyos rizos competían con los mios. Y en sus rizos vi las primeras zapatillas de baile y escuché la música que marcaba mis pasos hacia un futuro sin piruetas en punta pero con la danza en las venas. Y en la sangre de mis venas vi luces de colores.
Y soñé que esas luces inundaban los cajones que guardaban los secretos. Y vi como volaban motas de polvo dibujando estrellas en las paredes del abismo. Y en el abismo había ventanas desde las que podía contemplar el amanecer en el Egeo. Y en cada uno de los amaneceres había mares infinitos donde nadaba una sirena enamorada del pescador que no pescaba porque no sabía nadar.
Y cuando nadaba soñé que el agua invadía mis pulmones y que a través de ellos veía las explosiones solares y la lluvia de estrellas y las fogatas donde se queman los malos recuerdos. Y en las chispas del fuego vi que ya no era otoño y que había árboles y manantiales llenando de oasis los desiertos.
Y en el desierto vi a una niña rubia que soñaba con alcanzar la luna. Y mientras soñaba dormía con la luna redonda entre sus brazos.
Qué bonito sueño Eli, que bien que nos lo muestres jugando tan bien con las palabras. Un gustazo y un abrazo gigante.
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