Alguna vez me he preguntado cómo sería la vida sin ti.
Fingir que amanezco cada mañana, que como, que respiro, que camino
Creer que la palabra aliviará mi pena
Mentirme en las pupilas, morirme en el olvido
Estrujar las manos que ya no te acarician
Desvestir los latidos de un corazón que se muere.
Apretar los puños para no gritar tu nombre
Morderme los nudillos, arañarme los brazos.
Ser un huracán que asola las mañanas
Y un páramo desierto sin más alivio que las lágrimas
Un fuego que consume, que envejece, que remueve
Que horada poco a poco y seca muy adentro.
Vivir sin la esperanza llenando mis mañanas
Morir con la certeza de que nada es bastante.
Ya no me pregunto cómo sería la vida sin ti.