lunes, 28 de febrero de 2011

A la luz de unas velas

El frío y la humedad se han instalado en mi cuerpo sin permiso. Ya casi son las doce y está comenzando a nevar, así que envuelta en una gruesa manta camino hacia mi habitación, pero la imagen de las llamas del fuego de la chimenea moviéndose al compás de una inaudible música me detienen y me traen a la memoria otras llamas, otro fuego.
Era nuestra primera nochevieja juntos y ambos deseábamos que fuera especial  ya no solo por ser la primera, sino porque esa noche marcaría el inicio de una nueva etapa en nuestras vidas.
Durante los días anteriores, nos dedicamos a planear esa noche sin descuidar el más mínimo detalle. Que si una cena romántica en un restaurante coqueto, que si un concierto de jazz, que si un paseo abrazados a la orilla del mar, que si...
Pero las ganas de pasar juntos por primera vez esa noche tan especial, echaba por tierra cualquier plan porque lo único que de verdad queríamos era estar juntos. Al final decidimos vestir nuestras mejores galas y bajar a cenar al restaurante del hotel. Fue una cena perfecta. El ambiente relajado y tranquilo se prestaba para una conversación agradable mientras la cena transcurría entre mimos, confidencias y anécdotas del pasado. Pero a pesar de lo mucho que disfrutamos ese momento, la piel estaba ávida de besos y caricias como si urgiera sellar un pacto irrompible con el inicio del nuevo año.
Pero había una cosa que yo echaba en falta y era poder hacer el amor a la luz de las velas. Me encantan las velas perfumadas pero no hay una sola habitación de hotel donde se pueda encender una vela sin que se acabe disparando el detector de humos y por supuesto, no era ese el plan.
Cuando se lo dije, días antes de nuestro encuentro, me contestó que no me preocupara, que él se encargaría de todo.Grande fue mi sorpresa cuando vi que había llevado unas horrorosas velas eléctricas. No pude evitar reirme, igual que me río ahora al recordarlo, pero una vez que estuvieron cargadas y distribuídas estratégicamente por la habitación, me olvidé que no eran aquellas velas perfumadas que tanto me gustan.
El movimiento de las llamas de la chimenea me han retrotraído a esa nochevieja en las que la pasión no nos dejó acabar las uvas y el amanecer llegó iluminado con el suave parpadeo de unas velas eléctricas.
Como cada nochevieja, las velas perfumadas que tanto me gustan se guardan en un cajón, pero mi habitación se ilumina al resplandor de unas velas eléctricas en homenaje a nuestra primera nochevieja juntos.
Han pasado 45 años. Y nunca olvidaré nuestra primera y también única nochevieja juntos.

Último recurso


Incapaz de asumir la situación bebió la última gota que caía en el vaso en el que apenas sobrevivía y se ahogó.

miércoles, 23 de febrero de 2011

Mi primer libro

Hace 17 días tuve un accidente doméstico y me rompí el tobillo.  Una vez que pasaron la cirugía, los días en el hospital y el dolor intenso, llegaron la frustración provocada por la inmovilidad y la dependencia, la depresión,el abandono...y más dolor intenso.
Luego te das cuenta que tienes al menos tres meses por delante en ésta situación y casi tres meses más para una recuperación completa y que es necesario y urgente que hagas algo. 
Y eso hice.
Fui lo suficientemente audaz como para publicar un pequeño librito de microrrelatos. Una especie de nana para mis dolores y mi convalescencia.








Si te apetece leerlo, puedes buscarlo aqui.

domingo, 6 de febrero de 2011

Tacto

No te tocaba. Guardaba tu piel bajo la mia.

Absència

És bo tenir sempre a punt el recurs
d'un mot que empleni el buit de tu, per fer-ne
la pertinent cuirassa que em preservi
del malson de l'enyor i la tristesa.
Aleshores te'm fas present en cada
vers que escric, i quan sol, me'l repeteixo
no hi ha distància entre el teu cos i el meu,
units per sempre més en el poema.

Miquel Martí i Pol

Mirada

No te miraba. Grababa tu mirada en mi retina.