Quise cambiar mis palabras por días de silencio.
un silencio mudo que aturde, que atruena y ensordece.
No hay palabras cuando la vida te lastima. No hay ni gritos. Solo llagas
Pero me queda la poesía, como estandarte de lo posible.
Hay palabras que caen irremediablemente en una oscuridad sin retorno.
Y otras que iluminan, que calientan, que engrandecen.
Hay palabras infinitas y gastadas sucediéndose una y otra vez hasta el hartazgo.
Y otras que se esconden, que huyen de sí mismas.
Y yo las escucho. Y mientras lo hago, mi alma herida calla.
Me susurran las palabras ausentes acunadas por el viento.
Me tienta ser silencio, abandonarme al sinsentido de las letras
Pero voy curando esas heridas para que fluyan las palabras.
Y así, poco a poco. Otra vez, habrá poesía.