Esa noche decidió jugarse el todo por el todo.
Lo decidió en el mismo momento que él llevó la copa de vino a sus labios y ella deseó ser ese líquido oscuro que él saboreaba con deleite. Deseó desesperadamente emborrachar sus sentidos y beber de él, de su cuerpo y de su piel.
Su mirada traspasó su carne, la luz se transformó en sus manos acariciando su piel sedienta, la noche se volvió cómplice del deseo permitiéndole al menos por esa vez llenar el alma de suspiros, mostrar sin pudores su deseo, amar una y otra vez jadeante, febril, apasionada a aquel hombre que no estaba destinado a estar en su futuro.
!!Hay¡¡ estos deseos que pocas veces se convierten en realidad.
ResponderEliminarAsi es Paki, pero no por eso dejaremos de desear ¿no?
ResponderEliminarSin embargo, Ella dinamitó el destino. ¿Qué otra cosa si no son las facultades exclusivas de las “Ellas”? Estallar rutinas, corromper tradiciones, reventar designios. Ser un destino en sí mismas.
ResponderEliminarPor eso, esa noche preñada de pétalos y lavas quedó eternamente tatuada en la piel de Él. Es cierto, Él no fue un hombre en el futuro de Ella pero Ella sí fue una mujer eternamente guarecida en la historia de Él.
Y desde entonces, sólo pudo ampararla en un mar de palabras.
Así es Emilio. Ella dinamitó el destino y esa noche quedó eternamnete tatuada en la piel de él. Pero el mar ahogó las palabras y la historia se volvió noche eterna.
ResponderEliminarUn abrazo grande, espantapájaros. Y una alegría inmensa reencontrarte. :)
Suspiros afilados le degollaron los cisnes que anidaban en su pecho. Lo que para Ella fue la asfixia de las palabras para Él fue el alumbramiento de su instante.
ResponderEliminarUnos tienen historias, otros leyendas y algunos fábulas. Ellos, Ella y Él, sólo tuvieron ese instante que los tejió para siempre con el fino hilo del pasado, ese territorio imantado de eternidad al que siempre se recurre cuando el futuro no fue el soñado. Ahí son invencibles.
Un beso, entrañable Eli, de esos que erigen puentes.
E.