Ella tenía la capacidad de mirar los paisajes con los ojos de su alma. Pero su verdadera vocación estaba en iluminarlos con sus letras. Y pintar arcoíris en los ojos de Él.
El tenía la capacidad de transformar la palabra en poesía. Pero su verdadera vocación estaba en escribirla sobre su espalda desnuda. Y crear arte en ella.
Ella y Él tenían la capacidad de susurrarse cascabeles en los ojos. Pero su verdadera vocación estaba en sembrarse mariposas en el vientre. Y zarandearse las raíces.
Ella y Él tenían la capacidad de crear mundos nuevos con sus manos. Pero su verdadera vocación estaba en pintar cielos eternos con sus besos. Y sentir el fuego del infierno en las caricias.
En sus caricias hallaron la capacidad de engullirse; en los besos, la vocación de desbocarse. Y ser, por una vez y para siempre, un nosotros insaciable. Todo, para que en Ella –pleamar de almíbar, júbilo de aguamiel, mar de palabras- por fin amaneciera.
Ella tenía la capacidad de mirar los paisajes con los ojos de su alma. Pero su verdadera vocación estaba en iluminarlos con sus letras.
ResponderEliminarY pintar arcoíris en los ojos de Él.
El tenía la capacidad de transformar la palabra en poesía. Pero su verdadera vocación estaba en escribirla sobre su espalda desnuda. Y crear arte en ella.
ResponderEliminarElla y Él tenían la capacidad de susurrarse cascabeles en los ojos. Pero su verdadera vocación estaba en sembrarse mariposas en el vientre.
ResponderEliminarY zarandearse las raíces.
Ella y Él tenían la capacidad de crear mundos nuevos con sus manos. Pero su verdadera vocación estaba en pintar cielos eternos con sus besos. Y sentir el fuego del infierno en las caricias.
ResponderEliminarEn sus caricias hallaron la capacidad de engullirse; en los besos, la vocación de desbocarse. Y ser, por una vez y para siempre, un nosotros insaciable.
ResponderEliminarTodo, para que en Ella –pleamar de almíbar, júbilo de aguamiel, mar de palabras- por fin amaneciera.